Entrevistas de Explora

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Entrevistas Andrés Stutzin: “Hay que ubicar a la ciencia en el sitial que le corresponde”

Andrés StutzinMiembro del Consejo de CONICYT, que lleva tres meses de funcionamiento tras 42 años de receso, y director del Centro de Estudios Moleculares de la Célula de la U. De Chile, el investigador afirma que el progreso científico es esencial para el desarrollo de un país por lo que Chile necesita una nueva institucionalidad, más recursos y cambios en el sistema educacional desde sus bases.

El médico cirujano y profesor titular de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, Andrés Stutzin Schottlander, siempre ha sido muy curioso: “Desde niño tenía un deseo de aprender muy generalizado que se mantuvo al pasar de los años y definió mi carrera”, contó a Explora el científico nacional. Es justamente ese afán por la búsqueda de respuestas la que Stutzin cree que debemos fomentar en los niños chilenos, para lo que demanda un cambio en el sistema educacional.

El Dr. en ciencias biológicas cumple un rol importante en el progreso científico nacional, participa en dos instituciones líderes en el desarrollo de la ciencia en el país, al tiempo que realiza investigaciones donde se analizan unas proteínas vitales que regulan nuestra capacidad de pensar, caminar y hasta el latido de nuestro corazón.

Es parte de la histórica reconstitución del Consejo de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, CONICYT, que atendió el llamado de la comunidad científica y que lleva tres meses de actividad, luego de casi medio siglo de ausencia tras ser declarado en receso en 1974 por la dictadura militar. Dirige el Centro de Estudios Moleculares de la Célula (CEMC) de la U. De Chile e integró la mítica “Comisión Zanelli”, que evaluó la factibilidad de contar con energía nuclear de potencia en el país, durante el primer gobierno de la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, quien recibió un informe cuyo contenido no ha sido público.

Noviembre de 2015

A lo largo de su carrera, ¿Cuáles son para usted los hitos más destacados?

¡Qué difícil! La verdad es que en este oficio más que de hitos se trata de respuestas. El poder identificar algo o responder en parte a alguna interrogante, ya constituye algo de lo que sentirse contento. En muchas ocasiones, incluso pasa un tiempo antes de que a esas respuestas se les asigne algún sentido u objetivo concreto.

Pienso que la idea es lograr responder las preguntas que uno mismo se va planteando de forma satisfactoria, alejándose un poco de la presunción de que todo tiene que servir para un fin específico y directo. De descubrir la aplicabilidad se encargarán otros en el futuro. La búsqueda por sí misma ya tiene valor y mérito propio.

¿Cómo hacer para que niños y jóvenes se enamoren de la ciencia y la tecnología?

Transmitiendo esta pasión a los niños desde muy chiquititos. Ellos deben dejar de aprenderse las cosas de memoria y salir, mirar, explorar. Motivarlos a preguntarse y también a equivocarse. Involucrarlos en este juego de creer que tienes una respuesta para luego darte cuenta de lo contrario, tener que retroceder y volver a mirar, preguntar distinto incluso, etc. Esto no es sólo válido para las ciencias, también se puede aplicar a la forma en que se construye una frase, a cómo te imaginas un libro y más.

Si bien no soy experto en educación, estimo que la única forma de lograrlo sería cambiar el Sistema Educacional chileno desde la base. Lo que constituye una tarea pendiente que tenemos como país.

¿Cuál es el rol de la difusión de la ciencia en este sentido?

Fundamental. Es que sin divulgación la ciudadanía jamás se va a acercar a esto y siempre va a ser una rareza. La verdad es que este es un oficio como cualquier otro, con sus virtudes y dificultades. Artistas y científicos no pueden seguir siendo parte de la excepción.

La responsabilidad inicial de divulgación está en las instituciones pero también en la comunidad científica, que si bien en los últimos años se ha abierto a la ciudadanía, aún queda mucha senda por recorrer.

El Consejo y la ciencia nacional: ¿Cómo enfrentará el Consejo los cambios tras cuatro décadas de ausencia?

Llevamos un poco más de tres meses así que yo diría que eso está por verse. Necesitamos algo más de tiempo para comenzar a imaginar cómo vamos a repensar el problema 42 años después. Tenemos todas las ganas de cumplir nuestra función y dar respuesta a las necesidades científicas y tecnológicas del país.

Sin embargo, a mi parecer siempre son importantes las instancias colegiadas para la toma de decisiones cuando éstas son apropiadas. Además, el hecho de que el Consejo participe en la definición de las nuevas institucionalidades que requiere el país es vital.

¿Cómo ve a Chile en cuanto a desarrollo científico y tecnológico en el mundo?

Creo que estamos muy atrasados. Nos falta una institucionalidad acorde al año 2015 y hacia el futuro. Necesitamos también un presupuesto mucho más sustantivo y debemos realizar un gran trabajo desde la Educación Parvularia en adelante. La idea es colocar a la ciencia en el sitial que le corresponde, pensando en que la innovación se deduce precisamente de la ciencia.

Estoy seguro de que el talento y los buenos profesionales están. También poseemos una buena formación, pero nos faltan aquellos otros ámbitos tan necesarios para fomentar el desarrollo a mayor escala. Si bien hay excepciones como lo que hoy tenemos en astronomía, el resto de las ramas continúa en una posición bastante desventajosa frente a Estados Unidos, Europa e incluso otros países de la región, como Brasil.

¿Cómo debiese ser la relación entre el desarrollo científico y el mundo privado?

Sin duda que se requiere una mayor participación del mundo privado en el desarrollo científico, lo que a grandes rasgos no suele darse fácilmente en Chile. Esto tiene que ver con un tema cultural, de no considerar a la ciencia como fuente de innovación más allá de asuntos muy específicos para la producción en términos empresariales. Lo que falta es entender que para el desarrollo de un país, no sólo del mundo privado, sino de todos, el progreso científico es fundamental.

Investigación y formación de especialistas: ¿Cuál es la gran labor que hace el CEMC en el país?

El Centro Fondap de Estudios Moleculares de la Célula estudia los mecanismos de transducción de señales que operan en células normales y en células anormales o patológicas, con el fin de comprender la función de las células nerviosas, la acción de las hormonas, la fisiología del músculo esquelético y cardiaco, la muerte celular y el cáncer. Considerando que la célula es la unidad esencial de la vida, las investigaciones que desarrollamos aportan en muchos sentidos. A modo de ejemplo, estudiamos el comportamiento de las células cancerosas para descubrir qué elementos de su biología nos faltaba por conocer para poder enfrentar esta grave patología.

Más tarde estudiamos cómo diferentes hormonas regulaban la función celular, y en enfermedades degenerativas como el Alzhéimer, cuáles son los mecanismos involucrados en que las neuronas fueran perdiendo sus capacidades. Esto con el fin de encontrar alguna forma de intervenir en lo que sucede y encontrar una solución al problema. Yo diría que entender el funcionamiento de las células normales y anómalas, en el amplio ámbito de enfermedades existentes, es uno de los campos más impactantes de la biología moderna.

Otro aspecto relevante es el particular énfasis en el entrenamiento de postgrado, así como en el desarrollo y puesta en práctica de una política tendiente a incorporar jóvenes científicos talentosos al centro, con el fin de contribuir a crear una nueva generación de científicos biomédicos que expanda la investigación biológica de alto impacto que se requiere en el país para resolver los problemas de salud relevantes en nuestro medio.

¿En qué se centra actualmente su propia actividad investigativa?

Mi trabajo se enfoca en unas proteínas llamadas “canales iónicos”. Estas proteínas están presentes todas las células y una de sus funciones principales es conectar el medio intracelular con el exterior, al permitir el paso de iones. Por ejemplo, para que ocurra la transmisión sináptica, que es el paso de una señal eléctrica de una célula a otra, necesitas que se formen los canales iónicos para que exista un potencial de acción. Esto funciona en las neuronas, los músculos esqueléticos y el corazón, por lo que finalmente son estas proteínas las que regulan nuestra capacidad de pensar, caminar y tener función cardiaca, entre otras.

Personalmente me he dedicado a observar cuál es el papel de varias de estas proteínas en procesos de fisiología celular, como el control del volumen y/o muerte de la célula. Además de comprender la forma en que factores del entorno, como el estrés oxidativo, modifican su comportamiento.

Aquello enfocado específicamente en las células epiteliales –que son las no excitables, a diferencia de las neuronas o las ubicadas en músculos o corazón– y sus canales de cloruro y catiónicos no selectivos. Los primeros transportan cloruro que son aniones, y regulan el volumen celular, mientras que los segundos trasportan cationes –iones positivos– en forma de sodio y potasio.

Otra gran investigación en la que participó fue en la denominada “Comisión Zanelli” ¿Cuál fue su rol en este estudio colectivo de expertos?

Mi aporte fue el análisis de los riesgos biológicos de la energía nuclear y los requerimientos que tendría que tener un sistema de salud para enfrentar un evento en caso de que hubiera. Para ello observé protocolos, experiencias, incidencias y marcos regulatorios de distintos países de Europa y en Estados Unidos.

Como conclusión, ¿Cree que Chile esté preparado para usar energía nuclear?¿Es necesario su uso?

Por mi parte, no creo que estemos listos desde el punto de vista estructural de diseño estatal. No es lo mismo generar energía eléctrica de una termoeléctrica que de una central nuclear. Se necesitan marcos regulatorios específicos que el país no posee. Pensemos que los eventos de Fukushima y Chernóbil no fueron causados por el uso de la energía en sí sino por errores humanos, por ello la organización que debe haber tras estos desarrollos debe ser fuerte y Chile no está preparado.

Con respecto a la necesidad, estrictamente no es tal. El país puede generar una matriz energética incluso mucho más amable desde el punto de vista medioambiental sin recurrir a la energía nuclear. Sin embargo, insisto en que el problema no es la energía nuclear per se sino el resto de factores que inciden en su responsable y adecuada utilización.

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