Artículos Desierto de Atacama: el primer paso de los rovers que buscan vida en Marte

El descubrimiento de agua líquida fluida en Marte ha significado un impulso una futura colonización planeta rojo. Para lograr esta meta los vehículos robóticos de exploración espacial, más conocidos como rovers, se entrenan en el escenario más parecido a Marte: nuestro Desierto de Atacama.

Hace pocos días la NASA mostró al mundo las imágenes captadas por el satélite Mars Reconnaissance Orbiter (MRO) que probaron la presencia de agua líquida en movimiento en Marte. El hallazgo da un renovado impulso al proyecto de viaje tripulado agendado por la agencia espacial norteamericana para el 2030, ya que significa que existen los recursos necesarios para apoyar el desarrollo de la vida, según aseguran los científicos a cargo del proyecto.

El establecimiento de una colonia humana y la búsqueda de vida en el planeta rojo ha inspirado durante más de cuatro décadas diversas misiones de exploración espacial. La NASA reconoce 43 viajes a Marte, de los cuales 18 han sido calificados como exitosos. Estas misiones han contemplado el envío de sondas espaciales, satélites artificiales (como el MRO) y vehículos exploradores como los rovers. Pero estas misiones al Planeta Rojo tienen un vínculo con Chile que muchos desconocen.

La gran similitud del paisaje y el clima extremo del Desierto de Atacama con Marte, lo convierten en la mejor zona del mundo para entrenar a estos pequeños astromóviles, tanto en ejercicios de desplazamiento entre las dunas, como en la toma de muestras y análisis de minerales. Así lo comprueban las dos grandes agencias espaciales: la NASA y su símil europea, la ESA, que han testeado muchos de los rovers que hoy recorren la superficie marciana tras pisar suelo chileno.

Octubre de 2015

Los vehículos de exploración espacial diseñados especialmente para moverse en superficie extraterrestre son clave para el estudio del suelo marciano, ejecutando sondajes, buscando señales de vida y vestigios o rastros de la misma. El primero en aterrizar en Marte fue el Spirit en 2004, seguido por su gemelo Opportunity. El pionero ‘murió’ en servicio seis años después tras un accidente en una duna, mientras que su hermano sigue activo y ya lleva más de 40 kilómetros de “rastrillaje” en estos casi diez años de labor.

Sin duda el más popular es el Curiosity que ha sorprendido con imágenes y hallazgos de áreas que alguna vez albergaron agua, metano, compuestos orgánicos y meteoritos, durante su aventura espacial que comenzó el 2012 y en la que hasta sus selfies han causado revuelo mundial. Todos estos logros comenzaron en la Tierra, en Chile, en nuestro Desierto de Atacama, donde los vehículos robotizados son entrenados y programados, antes de ser lanzados al espacio exterior.

“Una superficie totalmente desnuda, vientos que definen una cierta topografía y el desarrollo volcánico, son cualidades de este desierto que lo hacen muy similar a Marte”, explica el geólogo Guillermo Chong, académico de la Universidad Católica del Norte (UCN) y uno de los pocos chilenos que ha trabajado en proyectos rovers.

Debido a su experiencia y conocimiento del Desierto de Atacama, ha sido llamado tanto por ESA y NASA para desarrollar las rutas por las que estos robots se moverán, basándose en los perfiles de exploración que les esperan en el cuarto planeta del Sistema Solar. El científico participó en las pruebas del primer prototipo de la NASA que llegó a Chile en 1997, el Nomad, cuya misión era generar autonomía en la exploración.

“Estos robots autónomos o semi autónomos no sólo practican en Chile sus movimientos sino que también se capacitan en el estudio de organismos termófilos que pueden vivir en condiciones muy extremas, que se dan en el Desierto de Atacama y, probablemente, también se den Marte”, advierte Chong.

El astromóvil que más recientemente desarrolló sus pruebas en el árido terreno nortino fue Bridget, de la ESA. Es un prototipo básico del proyecto ExoMars, que planea enviar una misión con dos vehículos exploradores a Marte en sólo tres años más, durante el 2018. El objetivo principal de este viaje, que cuenta con la colaboración de Rusia y Canadá, es encontrar vida pasada o actual. Así como también detectar elementos peligrosos para la misión tripulada con humanos que le sucederá.

“Los rovers a medida que estudian el suelo van desarrollando patrones de habitabilidad, es decir, condiciones específicas en las que en el Desierto de Atacama se encuentran signos de vida microbiana. Esto les permite generar inteligencia artificial, lo que les da autonomía para tomar decisiones como en qué lugares trabajar y hacia dónde dirigir la operación”, revela la Dra. en Microbiología Cecilia Demergasso, directora del Centro de Biotecnología de la UCN, quien ha participado en diversas investigaciones desarrolladas en Chile para la exploración de otros mundos.

Los valiosos datos que se desprenden de los estudios de los equipos multidisciplinarios de científicos trabajando en la misma misión, tienen además del impacto a largo plazo, una utilidad inmediata, puesto que son las guías para el desarrollo y la mejora de la nueva generación de vehículos exploradores.

“Por ejemplo, para buscar proteínas el robot escudriña ciertos pigmentos fluorescentes que se encuentran en el desierto y sólo para eso se indaga cómo iluminar su zona de trabajo de tal manera que no moleste la luz del sol en su misión. Este y otros avances se han desarrollado en la prueba y error de muchos equipos de investigación en Chile”, agrega la experta.

Las distintas disciplinas y las variadas nacionalidades de los científicos investigadores hacen que las salidas a terreno sean bastante masivas. “Los grupos pueden llegar a ser muy complejos, ya que no sólo es estudiar la búsqueda de vida, sino también cómo los rovers se mueven, el sistema de sondaje, análisis de minerales, etc. Estos equipos están formados por tanta gente que pueden haber hasta 25 personas trabajando en terreno, más algunos traductores de distintas lenguas”, indica el Dr. Chong.

No sólo los vehículos son testeados en el Desierto de Atacama, también se pone a prueba la resistencia del ser humano ante las condiciones adversas que le esperan en Marte. Esto es lo que hace el Proyecto Seeker, dirigido por el artista belga Ángelo Vermeulen, quien ha participado en programas de la NASA y la ESA.

Esta iniciativa busca generar una instalación artística en este paisaje, observando cómo las escenarios hostiles inspiran a los participantes ideas y técnicas de sobrevivencia. “El Desierto de Atacama generaba la posibilidad de cumplir simbólicamente con las condiciones de una colonización de otro mundo por ser un lugar de vida extrema. Además acá se puede tener un contacto más directo con las comunidades y su cosmovisión sobre la exploración espacial, apostando a un diálogo mucho más abierto”, explica Camilo Rodríguez- Beltrán, académico de la UDD y participante del proyecto.

El equipo construirá una réplica de nave espacial persiguiendo la sustentabilidad entre artistas, científicos y comunidades. Luego de este diseño se plantea una segunda etapa donde los asociados vivirán la experiencia de aislamiento y sobrevivencia. “Ha sido un largo proceso de pre-producción e investigación, por eso la idea es que perdure luego de la experiencia o que sea itinerante, no está definido. Buscamos que esta construcción se vuelva efectivamente un lugar de divulgación y diálogo realcionado con lo que significan los ambientes resilientes y el interespacio”, destaca Rodríguez-Beltrán.

El Proyecto Seeker se ha montado en diversas galerías de arte del mundo y en Chile por primera vez se ejecutará en exteriores. Debía comenzar en el primer trimestre del 2015 pero debido a los aluviones que afectaron a la región, se ha postergado y se espera que durante el mes de diciembre comience la construcción de la nave y la posterior experiencia de aislamiento de los participantes.

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